viernes, 17 de mayo de 2013

Bloglovin, la alternativa a Google Reader

Ante el anuncio de Google de la desaparición en breve de Google Reader, he decidido crear una cuenta en Bloglovin para todos aquellos que quieran seguir el blog de manera similar a como lo hacían con la plataforma de Google Reader.

Podéis hacerlo clicando aquí.

http://www.bloglovin.com/blog/2383949/anda-si-es-mama-una-mama-bloguera

martes, 14 de mayo de 2013

Jugamos a la oca con griegos, templarios y cortesanos




Entramos en una nueva fase evolutiva en casa. De los juegos de encaje y los puzzles, diversiones de carácter motriz y más individual, hemos empezado a sumergirnos en el fantástico mundo de los juegos de mesa. Y qué mejor que hacerlo con un clásico: el juego de la oca. ¿Quién no tiene o no ha jugado nunca a este entrañable juego de mesa?

Yo la verdad es que lo había olvidado y he tenido que rascar en algún rincón de mi memoria (con ayuda de Google, todo sea dicho de paso) para recuperar las normas básicas porque excepto lo del "De oca a oca" el resto se había convertido en una auténtica laguna.

En mi afán por descubrir el origen histórico de todas las cosas relacionadas con la maternidad y los niños no podía dejar pasar la ocasión de investigar si este fue un juego invención de nuestros tiempos modernos (de cuando una servidora y toda su generación éramos "modernos") o si sus orígenes son más antiguos.

De toda la información que he encontrado he visto que en verdad no está muy claro de dónde salió esta simpática oca.

La teoría que nos transporta más lejos en el tiempo es también la menos factible. Durante el sitio de la ciudad de Troya, los griegos habrían ideado este juego para pasar el tiempo de espera. Tal invención se le atribuye a Palámedes, hijo del rey de Eubea. De aquellos tiempos antiguos nos llega también la idea de que el Disco de Phaistos podría haber sido un antecesor del juego moderno. El Disco de Phaistos, encontrado en Creta a principios del siglo XX, tiene grabada una espiral dividida en casillas en las que se ven gravadas las siluetas de grandes aves.



Para encontrar otra teoría hemos de saltar en el tiempo y el espacio, al siglo XII en nuestras tierras hispanas. En aquellos tiempos los templarios habrían usado el tablero de la oca como un mapa para recorrer el camino de Santiago siguiendo un código esotérico y encriptado. Unos dicen que esto no es posible pues los templarios tenían prohibido el juego mientras otros creen que fue una auténtica guía de viaje medieval.

De lo que sí ya se tiene una constancia más certera es de la entrega como regalo de un juego de la oca por parte de Francisco I de Médicis al rey Felipe II de España ya a finales del siglo XVI. El curioso juego de mesa se convertiría en la diversión de la corte del rey prudente llegando incluso a desbancar al más intelectual juego del ajedrez. 



Finalmente, en las últimas décadas del siglo XIX, el juego de la oca traspasó los muros palaciegos para comercializarse como un juego más popular. Desde entonces, las 63 casillas del juego de la oca se han ilustrado con dibujos que han seguido las modas de los tiempos. Las ocas, también.

Así que nosotros nos unimos a la historia jugando en el siglo XXI a un juego tan antiguo como divertido. Y surrealista, si una de las jugadoras es mi pequeña princesa que dependiendo de cómo sople el viento, salta una o dos ocas a la vez.

jueves, 9 de mayo de 2013

Una fuerza gravitatoria que no te deja hablar



Cuando te conviertes en madre no sólo te transformas en el centro de un pequeño universo a nivel emocional, también físicamente hablando. Me explico. Tus hijos acaban moviéndose a tu alrededor como atraídos por una fuerza gravitatoria más potente que la que rige el centro de nuestro planeta. Te vas a la cocina y una cabecita rubia aparece al lado de las patatas; te escabulles a la habitación a mirar un mail y una mano regordeta ya ha pillado el ratón. Y eso que te has movido más que sigilosamente, como la pantera Rosa haciendo de espía. 

Esto hace tiempo que lo he asimilado como tal. Hasta tal punto que si algún día voy yo sola por la calle de repente me pego un susto de muerte buscando las dos cabezas flotantes a mi alrededor. 

Lo que a día de hoy aun me mosquea es cuando intentas hablar con cualquier otro ser humano que sobrepase el metro de altura. Y es que, nuestros hijos no sólo necesitan rotar a nuestro alrededor, sino que cualquier meteorito ajeno a ellos es expulsado del ámbito de influencia de su amada madre. Me explico. Una tarde cualquiera de domingo, en el salón de casa, mis enanos jugando tranquilamente, pintando, haciendo un puzzle. Estampa familiar modélica. De repente se me ocurre entablar una conversación con mi señor esposo. Más que nada porque llevas como unos cuantos días, sino semanas, sin poder hablar de cosas importantes o trascendentales. Y en cuando tus hijos oyen que hablas pero no te diriges a ellos, craso error. Mama, mama, mira, mama, mira, escucha. Un momentito, que estoy hablando con tu padre. No mama, escucha, jooooo!!!! Mama!!!!!

Para terminar con la disputa le miras, le escuchas, le haces caso a la espera de volver a entablar la conversación adulta. ¿Por dónde iba? A sí, te decía que... Mama, mira, escucha, jooooo!!!! Mama!!!!

Y así hasta que desistes de hablar con tu marido. Hasta tal punto llega la exigencia de exclusividad que incluso en el coche, yendo al colegio, pobre de mí que me ponga a cantar (flojito, no sea que llueva). Tampoco. Mama, mira el tren, mama, ese coche que lleva? Y yo qué sé. Déjame cantar que esta estrofa me la sé. Pero nada. Termina la canción. 

En fin, a pesar de todo, he de reconocer que mi hijo mayor, que se encamina velozmente hacia los seis años, empieza a entender que tiene que respetar que los mayores a veces también han de comunicarse. Así que el esfuerzo de hacerle entender esta norma básica de educación, está dando sus frutos. Seguiremos incidiendo con mi pequeña princesa. 

domingo, 5 de mayo de 2013

Los cimientos de toda una vida

Amor maternal | Toulmouche

Llego un poco tarde pero aun me quedan unas horitas para felicitar a todas las madres que aparecen por este mundo cibernético cada día hablando de sus hijos, sus sentimientos, sus preocupaciones y sus anhelos como madres. 

Hoy no voy a hacer una entrada poética ni sentimental sobre las madres. Hoy quiero reivindicar el papel que las mujeres, como madres, tenemos en la vida de nuestros hijos y en la vida en sociedad. 

Las madres somos el primer escalón en la existencia de nuestros pequeños. No sólo los acogemos en nuestro seno (impresionante cada vez que lo pienso) sino que somos quienes arropamos, alimentamos, consolamos y preparamos a nuestros hijos para ser personas sanas tanto física como mentalmente

Lo vemos miles, millones de veces desde el inicio de los tiempos y nos parece la cosa más normal del mundo pero cuando una sola vez observamos la carencia de un niño que no ha tenido madre o los cuidados que ha recibido no han sido los adecuados es cuando vemos lo importantes que somos para la sociedad

Los niños felices, amados, respetados, serán hombres, mujeres, felices que sabrán amar y respetar a sus iguales. 

Las madres no sólo estamos para cambiar pañales o despertarnos una y mil veces por las noches. Que también. Las madres estamos para sentar las bases de toda una vida. Suficiente para sentir una gran responsabilidad y un gran orgullo cuando el tiempo te regala un hijo que te abraza y te dice, te quiero mucho mamá

Feliz día. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Cuando la ciencia da la razón al sentido común



Corren aires nuevos para la maternidad. Por suerte, creo yo. En mi humilde opinión. Volvemos a los orígenes más puros y naturales de lo que significa ser madre y encima con una avales científicos y publicaciones en medios de amplio alcance que hacen que nos sintamos orgullosas de haber ido en alguno (muchos) momentos, contracorriente.

Hace unos días leía un artículo en el que se hablaba de un estudio científico que intentaba argumentar por qué los bebés dejaban de llorar cuando se les cogía en brazos. Me parece fantástico que unos estudiosos con bata y cientos de gráficos, por fin, nos den la razón. Que sí, que lo tienes que coger. A tu bebé cuando llora. Porque cuando una madre o un padre acuna a su bebé y este se relaja es la respuesta a un conjunto coordinado de regulaciones del sistema nervioso, motor y cardíaco. Pruebas realizadas con ratones, también para avalar científicamente algo que el instinto nos lleva gritando, desgañitándose, desde que tenemos a un bebé delante, a nuestro hijo, y dudamos entre cogerlo y consolarlo o dejarlo para no malcriarlo. 

Y junto con el tema de los brazos, el otro gran tema objeto de controversia de la maternidad. Por supuesto, la lactancia materna. Levantarse, abrir el periódico digital y ver en primer plano una noticia enorme sobre los mitos de la lactancia materna, (veinte, ni más ni menos) oye, como que respiras y te dices, al fin. 

Todos aquellos comentarios que inundan el mundo cibernético-maternal de unas locas a las que nos llaman talibanas de la teta (ahí es nada el calificativo, que no me invento, por cierto), poquito a poco van haciendo mella y se colocan en los medios de tirada nacional. Con unos cuantos links a sendos informes y estudios científicos. Que no se diga. 

En fin, que, como decía al principio, corren nuevos tiempos, mejores, espero, para las que ahora o en el futuro se convertirán en mamás. Sólo espero que a modo de análisis científico, creencia colectiva o qué más da cómo, por fin dar el pecho (más allá de los famosos cuatro meses) no sea cosa de cuatro iluminadas y que una madre no tenga que coger a escondidas a su bebé por miedo a pensar que está haciendo algo incorrecto. 

martes, 30 de abril de 2013

Haciendo manualidades con Didongo



Ayer nos llegó a casa un fantástico kit de manualidades de Didongo. En concreto un caja repleta de material para construir dos libros, uno de madera y otro de hojas. Hemos pasado una tarde genial inventando un cuento de caballeros, gatos, y otros personajes que hemos dibujado, coloreado y finalmente hemos encuadernado. Este es uno de los muchos kits que ofrece esta interesantísima iniciativa para hacer volar la imaginación y enseñar a los niños una manualidades más que completas.

Didongo es un kit de actividades lúdicas y creativas que llega a tu casa cada mes. Cada kit tiene una temática y contiene, como mínimo, dos actividades de manualidades, todos los materiales necesarios para realizarlas y las instrucciones para que tu hijo/a, junto a ti, pueda divertirse creando sus propios juguetes.

Con Didongo también llega a tu casa un folleto sobre la temática del mes con más propuestas para seguir jugando y con las instrucciones para realizar otra actividad creativa con materiales que todas las familias tenemos en casa.

Didongo pretende divertir, estimular, compartir, dar espacio a la creatividad y la espontaneidad de los niños y las niñas.

lunes, 29 de abril de 2013

Cuando mi princesa cogió un secador

Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo. Mañana, tarde, noche. Un día tras otro, parece que son iguales, pero esos pequeños paquetillos van avanzando a pasos agigantados en la carrera del crecimiento. 

Primero te das cuenta de lo que pesan. "Cariño, me parece que mamá ya no puede llevarte en brazos". Otro día preguntas dónde está y te percatas de que ha ido sólo al baño y los pañales te parecen un objeto de un pasado más que remoto. 

Hace poco, secando el pelo a mi hija me agarró con decisión el secador. "Ya lo hago yo, mama", y se puso a acicalarse cual adolescente a punto de salir con sus amigas. No llega a verse en el espejo y con esos brazos regordetes, aún bajo la esencia de su cuerpecito de bebé, los golpetazos que se daba en el cogote no eran una excepción. 

Pero mi pequeña princesa se secó el pelo, "ella solita" con gracia y esmero. Y es entonces, en momentos absurdos como estos de la rutina diaria repetida uno y otro día desde hace muchos años, cuando ves como el reloj pasa y no es una frase hecha. Es un hecho de verdad. 

jueves, 25 de abril de 2013

Conversaciones imposibles (unas décadas atrás)



Una tarde cualquiera en casa, después del colegio, mis enanos jugando, mamá recogiendo. Suena una alerta en mi móvil. "Mamá, tienes un guasssshhhhap". Mi hijo de cinco años y muchos meses ya sabe lo que es un guassssshhhhhap cuando yo no hace ni dos meses sabía ni tan siquiera pronunciarlo. De hecho llegó a mi vida de casualidad y me intento desenganchar cada día como de cualquier otro vicio. Es lo que tenemos las madres del siglo XXI. 

Cuando en la facultad de periodismo, allá por la década de los noventa del siglo pasado (madre qué mal suena eso, me acaban de salir diez canas más), el profesor de historia del periodismo nos explicaba que su madre temía que del televisor salieran las personas que allí aparecían, nos reíamos por lo bajines. Nos creíamos modernos, entonces que los PC empezaban a aparecer en las aulas, más que tímidamente y aprendíamos a maquetar revistas con aquel ya histórico PageMaker. Eran tiempos en los que cuando sonaba un móvil en el tren de camino a la facultad todo el vagón se quedaba mudo como si hubiera sonado una alarma nuclear y alguien sacaba un armatoste tamaño zapato del 40 y se hacía el ministro-importante. 

Y si ya entonces nos creíamos ultra modernos en relación a nuestros padres, vayámonos preparando porque nuestros enanos no nacieron con un pan bajo el brazo, no. Llegaron a golpe de mensaje de móvil y foto en Facebook. El nacimiento de nuestros hijos se resumió en un Tweet de 140 caracteres. 

Y ya mis hijos cuando cogen mi cámara de fotos me dicen que no va porque mueven el dedito de un lado al otro con tal desparpajo y consecuente frustración al darse cuenta que mamá no tiene una cámara con pantalla táctil. 

Y ya termino esta reflexión cibernéticomaternal.

martes, 23 de abril de 2013

El vuelo más fantástico del mundo




Con unas simples hojas, repletas de negro sobre blanco, o todos los colores del arco iris, dibujos de seres fantásticos, animalitos entrañables u objetos de lo más extravagantes. Sólo con eso. Preparados para viajar a los reinos más fascinantes con unos seres inimaginables que viven historias imposibles.

Historias que únicamente pueden estar ahí, en esos mundos de cuento. Mundos que alimentan el ansia de saber de nuestros pequeños mientras mantienen esa tan valiosa virtud que se llama inocencia. 

¿Mamá, existen los dragones? ¿Algún día podremos viajar al país donde viven las hadas? Preguntas y más preguntas con ojos incapaces de pestañear por miedo a perderse un mínimo detalle.

Los cuentos son una ventana a un mundo de imaginación con el que los niños no sólo pasan momentos inolvidables. Los cuentos son también, y sobretodo, la raíz de un árbol en el que los libros no caerán nunca de su copa. Enseñar a los niños a amar los cuentos infantiles es enseñarles a amar la lectura a lo largo de la vida, con todo lo grandioso que eso conlleva. 

Así que hoy, Día del libro, rindamos un homenaje a todos aquellos escritores, editores y distribuidores de cuentos infantiles, porque gracias a ellos podemos hacer crecer la imaginación de nuestros hijos y su pasión por la lectura.

lunes, 22 de abril de 2013

Cuando papá domina los elementos




No somos plenamente conscientes de lo maravillosa que es la infancia, con su inocencia, pura y sincera, su capacidad de ver la vida con unos ojos rebosantes de alegría y dispuestos a creerse las historias más bonitas jamás contadas. 

No sabemos lo que perdemos cuando crecemos y desaparece esa capacidad de emocionarse sin miedo a la vergüenza de propios o extraños, incluso de nosotros mismos. 

Cuando eres padre o madre la vida te da una segunda oportunidad, al menos de recordar cuando fuiste pequeño como ese niño o esa niña que te mira con la mirada de la felicidad infantil en absolutas mayúsculas y negritas. 

Mi pequeña princesa, cuando empieza el día, cree, sabe, que su papá, el ser más poderoso en su mundo, es capaz de poner el sol en el cielo con sus largos brazos de coloso que todo lo puede. Y cuando el día termina, lo recoge y coloca la luna que ilumina sus sueños más dulces. "Papá, ¿ya has puesto la luna?" pregunta cada noche con la seguridad que le da su corta vida de que su padre no la va a defraudar. 

Y a pesar de que sería iluso que pasando los años mi pequeña princesa siguiera pensando que su padre es un ser con tan gran poder sería bonito que, al menos, una pizca de la inocencia que alimenta esos pensamientos no desapareciera nunca de su corazón.